sábado, 16 de octubre de 2010

La realidad lesbiana

Ser lesbiana en Cuba no es igual que en Argentina, menos en Nicaragua. Ser lesbiana en Chile no es igual a asumirse lesbiana en España o Europa. Realidades culturales diferentes, pero que en América Latina parecen tener un denominador común: ¿lesbofobia, invisibilización o machismo? Tres testimonios lo revelan.

Norma Guillard, coordinadora Espacio de Mujeres Lesbianas de Cuba dice 'es cierto que la revolución cubana se destacaba por la búsqueda de la justicia, pero eso solo no basta'. Norma dice que no cuentan con organizaciones gays ni lésbicas ni trans en este país. La mayoría de las lesbianas, se reúne en el denominado Centro Nacional de Educación Sexual. Otros, se juntan en programas contra el VIH/Sida, donde al menos en este tema han logrado avances y una mayor sensibilización del tema.

'La realidad social sigue siendo difícil para las mujeres lesbianas, aquí y donde sea. No hay, aún, mucha comprensión en cuanto a la ideología patriarcal, eso no se cambia de un día para otro', señala.

Cuando se hace hincapié sobre los valores de la revolución cubana, Norma es enfática: 'No es menos cierto que nuestra revolución se destacaba por la búsqueda de la justicia, pero eso sólo no basta. Que aquí no se rechace a nadie en los centros de trabajo, no implica que alguien en el propio trabajo haga manifestaciones de malestares, sobre todo si el comportamiento de la persona no es disciplinado. Los prejuicios llevan tiempo para desmontarlos y si aún nos cuesta que la mujer se muestre empoderada y con la autoestima dispuesta a enfrentar cualquier situación, ¡cómo será para una mujer lesbiana!', dice.

La activista indica que de todas maneras en el espacio con el que cuentan, tienen el apoyo gubernamental, 'siempre tocamos anecdótas que muestran las dificultades enfrentadas sobre todo en el ámbito familiar, es ahí donde más se sufre', añade.

Pese a todo, las compañeras cubanas han logrado dar pequeños pasos en términos de visibilidad. Hace muy poco estrenaron la obra de teatro 'De Hortencias y Violetas' de la dramaturga cubana Esther Sánchez y que trata sobre la reproducción asistida entre mujeres.


Como es lógico ser madre en esta condición trajo interesantes discusiones, pero el caso es que ya están en la mesa listas para ser enfrentadas y esa es nuestra política',

Para seguir sensibilizando sobre el tema, también sacaron un material pequeño tipo folletín llamado 'Mujeres y derechos', auspiciado entre otras por la Federación de Mujeres Cubanas que se refiere a los derechos de equidad, privacidad, placer sexual, expresión emocional entre otros sin discriminación de orientación sexual. 'Una de las metas de nuestro espacio es seguir trabajando en el rompimiento del imaginario que vincula a las mujeres con el matrimonio, la maternidad y la heterosexualidad', sostiene.

Norma finaliza comentando que la realidad cotidiana para las lesbianas cubanas, ha ido cambiando lentamente. 'Si bien es cierto que la lesbofobia está presente en muchas cabezas, también hay que ver que desde adentro estamos haciendo esfuerzos para hacer ajustes poco a poco. ¿Qué pasó, por ejemplo, con las lesbianas cubanas después de la película 'Fresa y Chocolate'? vimos que a nivel de los medios de comunicación, el tema anda aún en camuflaje. Por eso, este grupo de mujeres que solemos reunirnos, tiene como motivación principal romper el silencio en los medios', agrega.

'Hay un fuerte control hacia la sexualidad de las mujeres'

Julieta Paredes de Mujeres Creando, Bolivia, es una destacada activista, no sólo por los derechos de las lesbianas, sino también de las mujeres indígenas, a las cuales dedica su trabajo calificado de 'irreverente y rupturista'.

'Hay avances respecto a hace 10 años. Las mujeres están más visibles, pero todavía no hay una propuesta propia. Sigue el ayllu o la comunidad siendo un fuerte control social especialmente para las mujeres, control de la sexualidad que fundamentalmente está dirigida a la reproducción', indica.

La activista señala que en general no hay un cuestionamiento ni crítica sobre los caudillismos, jerarquías, machismos y violencias presentes en los pueblos originarios. 'Hay mujeres bien activistas y comprometidas, pero son como soldaditas obedientes de lo que dicen los líderes. Sin embargo, esto mismo está produciendo que grupos pequeños de mujeres de pueblos originarios empiecen a criticar estas formas y ahí estamos nosotras reflexionando y apoyándolas'.



Julieta realiza una fuerte crítica a la fuerte y clara discriminación de las mismas lesbianas a las mujeres indígenas. 'Hay fuertes discriminaciones hacia nosotras por indias y por empobrecidas y las razones tienen que ver con responsabilidades de ambos lados', señala

Explica que de parte de las lesbianas de pueblos originarios, existe una responsabilidad al no construir organizaciones desde ellas mismas 'desde nuestros cuerpos, nuestras estéticas, nuestros problemas y nuestros deseos eróticos, tampoco tenemos propuestas, entonces en principio ésta la misma desvalorización de nosotras a nosotras'.

De parte de las lesbianas 'blancas' por llamarlo de alguna manera, Julieta dice que es debido a toda la herencia colonial 'las mujeres indígenas somos bestias de carga, alguna que otra servirá para ser violada, pero por lo general somos consideradas no mujeres, feas, no personas, no deseadas y respecto a la sexualidad imposible para la visión colonial pensar en mujeres indígenas que deseen y tengan placer con otras mujeres, ese es un privilegio blanco.'

Frente a eso, la activista dice que entre Lesbianas se recurre mucho a la estética occidental de los cuerpos, 'y eso también está presente en el Lesbofeminismo, un poco menos que en los espacios homosexuales, queer, LGBTT, pero están también entre nosotras esas taras, prejuicios y racismos'.

'La cosa es más jodida cuando además de indígenas somos pobres por las políticas capitalistas que se tragan en sus fauces nuestro trabajo, porque esto implica una cultura muy distinta a de las lesbianas clasemedieras y de clase alta, las ropas que vestimos, las formas de presentar nuestros cuerpos, nuestros lenguajes, los lugares donde vivimos, los lugares donde podemos acceder para divertirnos, bailar por ejemplo, la información que manejamos. Hay una tendencia a hacer un modelo de la lesbiana feminista muy cercano a la clase media intelectual', agrega.



'Las lesbianas hemos ido perdiendo el miedo'



En Nicaragua, la ley que persigue y sanciona la homosexualidad y el lesbianismo fue eliminada a mediados del siglo XX; sin embargo, en la década de los 90, se promulgó nuevamente sin que hasta el día de hoy se deroge. Las agrupaciones lésbicas y gays dicen que ya no sienten miedo para terminar con esta restricción legal.

'Cochona' es el término peyorativo que se utiliza en Nicaragua para referirse a las lesbianas, algo así como 'maricona' en Chile y países sudaméricanos. Para Sam Montiel, integrante del Grupo de Mujeres Safo, esta palabra resume toda la discriminación que hay en su país hacia esta parte de la comunidad LGBT.

'En nuestro país, nuestras familias y la sociedad en general, dicen 'prefiero una hija puta y no una cochona', cuenta.



Conformar su agrupación, indica, fue un proceso de muchas dificultades, tomando en cuenta la poca visibilidad de las lesbianas nicaraguenses, pero pese a ello, lograron armarse hace tres años con el objetivo de brindar un espacio para encontrarse y hoy cuentan, incluso, con una casa donde acogen a lesbianas victimas de la violencia.

'Hemos logrado sortear la restricción legal para grupos como nosotras, le hemos perdido el miedo, aunque conservamos el respeto. Ha sido un proceso donde a pesar de las dificultades que hemos atravesado, el balance es positivo', señala

- ¿Cómo se vive el lesbianismo en la sociedad nicaragüense?


- Nuestro país es un de los países más pobres de América y los que más sufren la pobreza son las mujeres y los niños. Muchas lesbianas por el estigma que la sociedad ha impuesto, no pueden optar a un trabajo aunque esté calificadas para ello y las que lo tienen, deben esforzarse el doble para conservarlos y ver ascender a otros u otras y no ellas, porque el superior siempre tiene un 'pero' para no ascenderla que casi siempre es la discriminación por su preferencia. Otras, se ven obligadas a ocultarlas para poder conservar a sus hijos a su lado, etc.



- ¿Qué pasa en otros países? Lo que dicen los estudios:

- Amnistía Internacional se cuenta como una de las ONG más buscadas para denunciar casos de extrema lesbofobia, homofobia o transfobia como también, a la Comisión Internacional de Derechos Humanos de Gays y Lesbianas (IGLHRC) que realiza los trámites para generar cruzadas de alerta cuando se vislumbra que en algún país se están vulnerando los derechos de la comunidad LGBT.


Según datos entregados por la AI, en más de 80 países se sigue persiguiendo y asesinando a personas por el hecho de ser lesbianas, homosexuales o transexuales. Unos de sus informes se inicia contando casos que la historia ha tenido vedada durante siglos, como el de Felipa Souza, quien en 1592 vivía en una colonia portuguesa de Brasil y fue deportada a su país de origen “por el nefando y abominable delito de sodomía”, tras reconocer que había mantenido relaciones con una mujer.

Y aunque parezca increíble, estas mismas situaciones continúan repitiéndose en la actualidad. Hay casos muy extremos, como el de las activistas lésbicas en Uganda, que fueron sometidas a extensas sesiones de tortura e interrogatorio sólo por formar una organización que velara por los derechos humanos de la comunidad lesbiana. O el de la rumana Marine Cetiner, que fue condenada a tres años de prisión en 1995, “por intentar seducir a una mujer”, sufriendo golpes e incluso, violaciones de los policías. Gracias a campañas de alerta de AI y otras organizaciones, Marine fue puesta en libertad en 1998, con severos daños físicos y psicológicos.



Fuente: http://alainet.org