viernes, 15 de abril de 2011

El Regreso de la Diosa

EL REGRESO DE LA DIOSA 

Por
 Sandra Román (*)


¿Por qué es importante para las mujeres, volver a conectarnos
con nuestra naturaleza femenina?

En el principio de los tiempos Dios era mujer. La Gran Madre creadora, nutricia y protectora. La dadora de la vida, de quien procedíamos y a quien debíamos retornar una vez cumplido nuestro ciclo en la tierra.

Las primeras religiones patriarcales desmembraron a la Gran Madre en una multiplicidad de diosas que reflejaban un aspecto de aquella figura totalizadora.

En términos psicológicos, aquella Diosa representa lo femenino arquetípico, la naturaleza femenina común a todas las mujeres, nuestra esencia. Volver a identificarnos con ella nos permite recuperar un aspecto de nuestro yo, que durante milenios ha permanecido en la sombra de nuestra psique y cuya ausencia nos ha mantenido incompletas.

Jean Shinoda Bolen, analista jungiana reconocida por su libro "Las Diosas en Cada Mujer", nos mostró el espejo de las Diosas Griegas, como primer paso para reconectarnos con nuestra naturaleza femenina.

Pero estas Diosas (al igual que las hindúes, yorubas y
pertenecientes a otros panteones que persistieron en la era patriarcal) solo nos muestran fragmentos de nuestro Ser Femenino Divino: los roles a los que las mujeres hemos sido relegadas.

Una vez contactadas, necesitamos zambullirnos más profundo en nuestro interior femenino para encontrarnos con otras Diosas que tienen muchísimo más para decirnos.

Así, podemos tomar contacto con nuestras heridas y comenzar a sanarlas a partir del reconocimiento de nuestras Diosas Oscuras, aquellas que fueron desterradas y despojadas de su antiguo poder. Y una vez que hayamos atravesado la Noche Oscura podremos recuperar a la verdadera Diosa que vive en nuestro interior y a la que habíamos renunciado.

Esto equivale a recuperar nuestra verdadera esencia, reconocer nuestros dones y talentos y nada menos que encontrar el propósito de nuestras vidas.

Reivindicar nuestra naturaleza sagrada nos ayuda a restaurar viejas heridas transmitidas de madres a hijas durante tantos años de sumisión a creencias que nos han ocultado una parte muy importante de la verdad.

Reconectarnos con nuestra naturaleza sagrada nos permite recuperar nuestra autoestima y comenzar a recobrar nuestro antiguo poder.

Podemos reconocernos en cada una de estas diosas y mujeres, en el rol que desempeñaron, en su sufrimiento, en sus heridas y pérdidas. Ellas son un símbolo vivo en el interior de nuestro inconsciente. Sin saber nada acerca de ellas ni de su historia, podemos identificarnos inmediatamente a través de sus imágenes. Porque ellas reflejan nuestros sentimientos más profundos y contienen en sí los conocimientos de una sabiduría muy antigua que, aunque oculta, no ha muerto en cada una de nosotras y sólo espera un pequeño estímulo para ser despertada.

Cada una es un misterio a la espera de ser develado: el misterio acerca de cómo recuperar y honrar lo eterno divino femenino y todo su encanto.
Regresar a la Diosa significa volver a venerar nuestro cuerpo como algo sagrado. Volver a venerar a la Tierra, a todo el planeta, como algo sagrado. Para los antiguos, la Diosa era la Tierra misma, y estaba representada en las mujeres, sus sacerdotisas naturales, debido a la cualidad mágica que poseían sus cuerpos, que eran capaces de dar vida, y de alimentarla, luego. Es muy importante rescatar la idea de una "madre arquetípica", para superar nuestro sentimiento de "orfandad" espiritual.

Introducirnos en el mundo mítico de las diosas equivale a
zambullirnos en nuestra conciencia profunda para despertar a la mujer que estamos destinadas a ser.

(*) Fragmentos del artículo publicado en el número 161 de la revista CÓMO ESTAR BIEN (Octubre / 2001), como presentación de los fascículos de "EL JUEGO DE LAS DIOSAS", previo a la aparición del libro LOS ROSTROS DE LA DIOSA, publicado por la autora a través de Editorial Kier.