jueves, 26 de julio de 2012

Wilma Mankiller

Wilma Mankiller Fue la primera mujer jefa de la nación cherokee y aprovechó su cargo al máximo, fomentando proyectos sociales para mejorar la calidad de vida de su tribu. Un cáncer de páncreas acabó con su vida a los 64 años en la capital cherokee, Tahlequah (Oklahoma).
Tras diez años al frente de los cherokee, Wilma Mankiller demostró que, a pesar de lo que Hollywood pueda sugerirnos, la testosterona no es un requisito indispensable para liderar el mayor clan indígena norteamericano. 

Una vida dedicada a la lucha por los derechos de los indígenas y marcada por la batalla personal, que lidió con varias enfermedades graves. "Aprendí hace mucho tiempo que no puedo controlar los desafíos que el creador me pone en el camino, pero puedo controlar mi forma de pensar en ellos y afrontarlos". Una filosofía que la acompañó desde joven, cuando empezó su activismo político. En 1969, ella y setenta y ocho nativos americanos más ocuparon durante meses la isla de Alcatraz en protesta por las políticas federales que ponían fin a la soberanía tribal y a la exclusión de los indios de las leyes estatales.

En los años previos a su nombramiento como jefa de la nación cherokee fundó el Departamento de Desarrollo de la Comunidad e ideó el Proyecto Bell de Aguas y Vivienda. Cada familia indígena incluida en el proyecto Bell se responsabilizó de instalar una milla (1,6 kilómetros) de tuberías. De este modo consiguió que muchas familias cherokee tuvieran agua corriente por primera vez.

Durante su cargo, al que accedió en 1985, contribuyó a duplicar el empleo y a triplicar la afiliación a la nación cherokee. Dio la cara ante Ronald Reagan, George Bush y Bill Clinton para defender la soberanía y autogestión de los cherokee. Pero su prioridad fue dar respuesta a las necesidades sociales de su pueblo por lo que se centró en el desarrollo de proyectos educativos, sanitarios y de vivienda.


Su lucha a favor de los derechos de una de las tribus más numerosas de Norteamérica no se vio truncada por su batalla personal a raíz de múltiples problemas de salud. En 1979 a consecuencia de un accidente de coche pasó por 17 operaciones. Además desarrolló un trastorno neuromuscular llamado miastenia gravis y lidió con un linfoma. Ni las enfermedades, ni las amenazas que recibió por ser la primera mujer al frente de la nación cherokee impidieron que se convirtiera en una de las caras más visibles del trabajo a favor de los indios americanos. Fue reelegida en dos ocasiones por abrumadora mayoría.

Su tenacidad es motivo de admiración y elogios. En 1998 recibió la Medalla Presidencial de la Libertad. Tras su muerte, el presidente Obama expresó sus condolencias y recordó el papel crucial que jugó en transformar la relación entre el gobierno de Estados Unidos y los cherokee. Mankiller será siempre, en palabras del presidente Obama, "una inspiración para las mujeres del pueblo indio y para todo el país".